Unas etapas por el Camino de Santiago Sanabrés (II)
2029
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Unas etapas por el Camino de Santiago Sanabrés (II)

En la entrada anterior explicaba el plan del viaje y daba unas indicaciones sobre cómo hacer frente a las etapas del Camino, en especial en invierno. A continuación, las aventuras de 3 jacarandosos jóvenes tratando de llegar a Ourense antes de que les den las uvas. Literalmente.

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Día 25 de Diciembre. Puebla de Sanabria.

Llegamos tarde a Puebla de Sanabria, ya de noche y cubierto por una espesa niebla que parecía que no fuese a levantar nunca. El albergue recomendado en la guía cerraba en esta época del año así que reservamos una noche en el Hostal Carlos V. Dejamos las mochilas y nos dimos una vuelta para conocer Puebla. Paseamos entretenidos por las grotescas sombras y reflejos que se proyectaban en la niebla a la luz de las farolas y los adornos navideños. Había ganas de empezar a caminar.

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Día 26 de Diciembre. Puebla de Sanabria – Lubián.

Antes de partir nos obsequia con un almuerzo para el Camino, gesto que tienen con los peregrinos que se hospedan ahí.

Salimos de Puebla para volver a entrar y salir de nuevo. Pecamos de inexpertos y cometemos el primer despiste de la etapa al tomar referencias equivocadas. No sería el último.

A lo largo de la etapa parecen sucederse las estaciones, pero al revés. Las primeras horas son de frío invernal y cencellada. A medida que sube la temperatura, la escarcha desaparece y descubre un denso manto de hojarasca. Ya por el mediodía el calor es tan terriblemente insoportable que no tenemos más remedio que parar a tomar una cerveza fría en manga corta. Pobres de nosotros.

La ruta hasta Lubián es dura. Hay que subir el puerto de Padornelo. Además resultó más larga de lo debido por desvíos para evitar las obras del AVE y algún que otro despiste nuestro por la escasa señalización a lo largo de la etapa.

Llegamos de noche a Lubián, iluminando el camino con nuestras linternas para encontrarnos el albergue completamente cerrado y sin luz alguna. Preocupación. Ya en la puerta encontramos teléfonos de contacto de voluntarios encargados del albergue. Comparamos la cena en una tienda de alimentación local. Nos despacha una anciana acompañada por otros dos mayores, que nos pregunta sorprendida: ¿entonces habéis pasado la Navidad en el Camino? Respondemos entre risas que no, que la habíamos pasado en casa con la familia y que ésta era nuestra primera etapa. Más tranquila y habiéndose asegurado que habíamos cumplido con nuestros deberes como nietos, nos desea feliz navidad y un buen camino.

Cocinamos y cenamos completamente solos en el albergue. El sueño llega rápido por el cansancio acumulado y dormimos en lo que, por una noche, estaba siendo nuestra casa.

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Día 27 de Diciembre. Lubián – A Gudiña.

Dejamos el albergue lo antes posible con intención de llegar de día al final de la etapa. El primer tramo de la etapa coincide con la subida al puerto de A Canda. Un ascenso exigente, pero de inmersión total en la naturaleza. Caminamos por zonas de vegetación tan densa que podía oírse el viento pero uno no llegaba a sentirlo.

Más adelante nos cruzamos con una figura de color rojo agazapada entre unos matorrales que nos acecha armada con una cámara de usar y tirar. Arturo. Demasiado cansados para reaccionar de manera original, seguimos caminando. Nos persigue a la carrera para darnos un abrazo efusivo y enérgico. Nosotros no pudimos ni levantar los brazos.

Agotados, llegamos a un restaurante en O Pereiro. No me había alegrado tanto de llegar a comer sin tener siquiera hambre. El cansancio es sorprendentemente saciante. O Cazador se llamaba el sitio. Parecía que querían dejarnos claro que en Galicia se come bien, dos veces llegaron a preguntarnos si queríamos repetir.

No quedaba mucho camino por delante, pero se nos echó la noche encima antes de llegar a A Gudiña. Un tipo muy hablador nos abrió el albergue. Ahí conocimos a dos valencianos que estaban haciendo el Camino de la Plata en bici, desde Sevilla hasta Santiago. Cenamos en el albergue y nos dormimos enseguida.

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Día 28 de Diciembre. A Gudiña – Laza.

Nos esperaba la etapa más larga del viaje. El primer tramo es a través de carreteras, pero lo llano del recorrido y las vistas hacen que nos contentemos con la marcha.

El paseo se va asilvestrado hasta que llegamos a un alto desde el que vemos Campobecerros y una gigantesca trinchera en obras por donde pasará el AVE. Descendemos con torpeza hasta el pueblo por una terraplén de pizarra que casi nos cuesta un disgusto. Buscamos un sitio para comer y terminamos en un pequeño bar que más parecía el salón de una casa particular. Con canario y todo.

La vegetación se iba haciendo cada vez más alta y más densa hasta encontrarnos en un tramo que lo mismo hubiera pasado por una región de la taiga Norteamericana.

Nos vamos quedando sin luz y la temperatura baja rápidamente, nos abrigamos, encendemos las linternas y empezamos a caminar en fila india para jugarnos un poco menos la vida. Bromeamos y charlamos hasta que terminamos preguntándonos por los animales salvajes que pueden habitar esos bosques. Callamos y apretamos la marcha.

Llegamos por fin a Laza, donde pasaríamos la noche en casa de la familia de Alberto. Esperábamos la casa vacía (su abuela estaba en Valladolid), pero empezamos a oler a comida… Esther, la tía de Alberto había tenido el detalle de recibirnos a mesa puesta. Serían poco más de las ocho, pero cenamos encantados. Supuse que lo necesitaríais, nos dijo. No le faltaba razón.

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Día 29 de Diciembre. Laza – Xunqueira de Ambía.

La etapa de la vergüenza. Decidimos pasar la mañana en Laza y aprovechar la visita de Mario, el hermano de Alberto, al pueblo para que nos acercara en coche al final de la etapa.

Amanecimos tarde y con calma. Pasamos la mañana dando una vuelta por Laza escuchando  historias de Alberto de sus veranos de vacaciones en el pueblo.

Marchamos después de comer. Dejamos Laza en coche, con el estómago lleno e infinitamente agradecidos. Nos trataron como si hubieran tenido a tres sobrinos de visita.

En un recorrido que duró en coche lo que tardamos en escuchar media docena de canciones (en vez de una jornada de 8 o 10 horas de marcha) llegamos a Xunqueira de Ambía. Paramos a las afueras y estuvimos haciendo un poco de tiempo antes de entrar al pueblo, para evitar levantar sospechas del sacrilegio que acabábamos de cometer.

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Día 30 de Diciembre. Xunqueira de Ambía – Ourense.

La última etapa de nuestro viaje. No presentaba mucha dificultad además de ser de las más cortas y habiendo podido descansar el día anterior.

Enseguida el recorrido se torna industrial. Atravesando los polígonos que rodean la ciudad de Ourense y poblaciones satélite de la capital. No son los tramos de paseo más agradables, pero la imagen de la ciudad a lo lejos nos motiva para avanzar. Lo que más nos motivaba realmente, era la visita a las termas de Outariz que habíamos previsto.

Resultó chocante entrar en la ciudad. Uno llega acostumbrado al silencio y a lo pausado del camino para darse de bruces con el ajetreo y el bullicio urbano. Por no hablar de nuestro aspecto, caminando ayudados con palos y de barro hasta las rodillas.

Llegamos pronto al albergue, con tiempo para visitar y conocer un poco la zona. Fuimos a las esperadísimas termas (en un simpático tren turístico que además la gente utilizaba para desplazarse por la ciudad) y vivimos una experiencia cuasi religiosa al bañarnos en sus cálidas y sanadoras aguas. Cenamos en un pequeño restaurante regentado por un argentino que parecía poco hablador al principio… Pero solo al principio.

Nos sobraban ganas de conocer la vida nocturna de Orense, lo que nos faltaba era energía, así que fuimos al albergue a dormir. El viaje de vuelta y la Noche Vieja nos esperaban al día siguiente.

¡Hasta la próxima y buen Camino a todos!

Diego Sierra López

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